La salsa pierde a uno de sus arquitectos fundamentales. La familia del trombonista, compositor y productor Willie Colón confirmó su fallecimiento a través de un comunicado difundido en redes sociales: “Partió en paz esta mañana, rodeado de su querida familia”. En el mensaje, sus seres cercanos agradecieron las oraciones y pidieron respeto por su duelo, invitando a celebrar “el regalo eterno de su música”.
Con su partida se cierra un capítulo decisivo en la historia del género. Porque hablar de Colón es, inevitablemente, hablar de su sociedad con Héctor Lavoe, una dupla que redefinió el sonido latino desde los barrios de Nueva York hacia el mundo.
El encuentro que cambió la música latina
Se conocieron a mediados de los años sesenta, en una época en la que la efervescencia latina hervía en los clubes del Bronx y el Spanish Harlem. Colón ya dirigía su orquesta; Lavoe cantaba con una agrupación local. El destino los cruzó bajo la mirada visionaria de Johnny Pacheco y el impulso del sello Fania Records, que apostó por la combinación entre el trombón crudo del joven músico y la voz aguda, pícara y profundamente expresiva del sonero puertorriqueño.
En 1966 apareció El Malo. Allí comenzó a gestarse una revolución sonora. Colón construyó un estilo urbano, con trombones agresivos y estética de barrio. Lavoe le puso malicia, ironía y sentimiento a cada historia cantada.
Años de gloria y rebeldía
Entre 1966 y 1973, la dupla encadenó discos que hoy son piezas de culto: The Hustler, Guisando, Cosa Nuestra, La Gran Fuga, Asalto Navideño, El Juicio y Lo Mato. Canciones como “Che Che Colé”, “La Murga”, “Juanito Alimaña”, “Calle Luna, Calle Sol”, “El Día de Mi Suerte” y “Todo Tiene Su Final” cruzaron fronteras y consolidaron el sonido de la salsa neoyorquina en América Latina, el Caribe y Europa.
La portada de La Gran Fuga, con Colón “buscado” por el FBI y Lavoe escapando de prisión, se convirtió en una de las imágenes más icónicas del género. No era solo marketing: simbolizaba la rebeldía de una generación latina que narraba su realidad sin filtros.
En Asalto Navideño (1970), ambos mostraron otra faceta: la fusión de aguinaldos, bomba y plena con el cuatro puertorriqueño de Yomo Toro. “La Murga” sonó como un carnaval perpetuo y reafirmó su capacidad para mezclar tradición y atrevimiento.
En 1973, Lo Mato llevó la narrativa urbana a otro nivel con “Calle Luna, Calle Sol”, una radiografía cruda de la violencia en los barrios latinos de Nueva York que generó polémica, pero también confirmó que la salsa podía ser crónica social.
Ruptura y nuevos caminos
En 1974, Colón decidió apartarse de la sociedad para estudiar composición y concentrarse en la producción musical. También buscaba tomar distancia de los problemas personales que empezaban a rodear a Lavoe. La separación fue dolorosa, pero necesaria.
Héctor inició una carrera solista brillante con La Voz, mientras Colón emprendió nuevas alianzas, entre ellas una etapa decisiva junto a Rubén Blades, con quien desarrolló una salsa más narrativa y política.
Aun así, el lazo artístico nunca desapareció del todo. Ambos siguieron compartiendo escenario en conciertos memorables con las Fania All Stars, incluyendo la histórica presentación de 1973 en el Coliseo Roberto Clemente, uno de los momentos más simbólicos de la salsa como movimiento cultural global.
Un legado que no se apaga
La muerte de Willie Colón no solo marca la despedida de un músico excepcional. Representa el cierre de una generación que transformó la música latina en un fenómeno mundial.
Junto a Héctor Lavoe, Colón no solo hizo canciones: construyó identidad, narró barrios, dio voz a migrantes y convirtió la salsa en una crónica viva del Caribe urbano.
Hoy su música sigue sonando en emisoras, fiestas, vinilos y plataformas digitales. Porque las duplas históricas no se despiden: se vuelven eternas.
Y en la historia de la salsa, pocas lo son tanto como Colón y Lavoe.

