Mucho antes de ser una leyenda de la salsa, Rubén Blades ya mostraba un talento poco común: contar historias. A los seis años ganó un concurso de cuentos, una señal temprana de lo que más adelante se convertiría en el sello de su música: la narración con contenido social.
Aunque la música lo rodeaba, Blades tomó un camino distinto al inicio. Estudió Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad de Panamá, en una época marcada por tensiones sociales y políticas en su país. Esa formación no solo le dio un título profesional, sino una mirada crítica que más tarde transformaría la salsa.
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De Panamá a Nueva York: el inicio inesperado
En 1974, ya graduado como abogado, Rubén Blades se mudó a Nueva York, empujado por razones personales y políticas. Allí comenzó desde abajo en Fania Records, trabajando en la sala de correo, mientras sus composiciones empezaban a llamar la atención dentro del mundo salsero.
Sus canciones llegaron primero a otras voces, hasta que una audición con Ray Barretto le abrió las puertas como cantante profesional. Poco después, su unión con Willie Colón marcaría un antes y un después en la historia del género.
La salsa como crónica social
Discos como Metiendo Mano! y, sobre todo, Siembra, consolidaron a Rubén Blades como una figura distinta. Canciones como “Pedro Navaja”, “Pablo Pueblo” y “Plantación Adentro” llevaron la salsa más allá del baile, convirtiéndola en un espacio para hablar de injusticia, desigualdad y vida urbana.
Su propuesta atrajo a nuevos públicos y demostró que la salsa también podía ser reflexión, sin perder ritmo ni sabor.
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Más allá de la música
Blades amplió su impacto como actor, participando en películas y series de alto perfil, y también incursionó en la política, llegando a ser candidato presidencial en Panamá y Ministro de Turismo. En cada faceta mantuvo un mismo enfoque: representar con dignidad la realidad latinoamericana.
Un legado que sigue vigente
Rubén Blades no solo cambió la forma de escribir salsa; demostró que el arte puede ser una herramienta de conciencia. Su legado sigue inspirando a músicos y oyentes que entienden que la salsa también piensa, cuestiona y cuenta historias.

