El pasado 21 de marzo se vivió una de las noches más esperadas por todos los fanáticos de la salsa en Bogotá con un rotundo Sold Out en El Gran Salón de Corferias.
La expectativa era alta, pero no para menos, puesto que los artistas son grandes exponentes de la salsa.
Desde el inicio, el ambiente fue una mezcla de emoción colectiva y pasión salsera. Cada presentación estuvo acompañada por un público entregado que coreó canciones que han marcado generaciones, convirtiendo el recinto en una sola voz y una pista de baile gigante. Los artistas, por su parte, respondieron con repertorios llenos de éxitos que han dominado emisoras como El Sol, fiestas y festivales durante décadas. La conexión con el público fue inmediata, generando momentos de euforia, baile ininterrumpido y una atmósfera que reafirmó el poder de la salsa como fenómeno cultural.
La noche abrió con El Grupo Galé, cantando éxitos como El amor de mi vida "Se fue", Sin sentimiento (original de El Grupo Niche) y su más reciente tema Me enamoro.
A continuación el gran Charlie Aponte se tomó el escenario entre coreografías, saltos y alegría, performando temas como Trampolín, Brujería y Sin condición alguna.
El maestro Tony Vega fue el siguiente, quien interpretó canciones como Lo mío es amor y Fui la carnada.
Eventualmente el escenario se encendió con la presencia de Víctor Manuelle, con sus temas como Se me rompe el alma y volverás.
Maelo Ruiz no se quedó atrás, puesto que el público cantó a grito herido sus canciones como Juégate a la suerte y Por favor señora.
Por último, el gran cierre de la noche estuvo a cargo de Yan Collazo, invitando a la gente a aplaudir y bailar al ritmo de sus temas, omo Fue tan fácil y Ya me enteré
Más allá de un concierto, La Noche Salsera se vivió como una experiencia colectiva, donde la música fue el punto de encuentro entre generaciones. La capital colombiana volvió a demostrar su fidelidad al género, dejando claro que la salsa no solo permanece vigente, sino que sigue creciendo y convocando multitudes.
Sin duda, una noche que quedará en la memoria de los asistentes y que reafirma que, cuando la salsa llama, Bogotá responde.

